La tecnología avanza a un ritmo cada vez mayor. Algunas innovaciones que hace unos años parecían propias de películas de ciencia ficción ya forman parte de nuestra vida diaria, mientras que
otras todavía se encuentran en fases de investigación o desarrollo. Inteligencia artificial, robots, realidad aumentada, nuevos tipos de baterías, computación cuántica o interfaces capaces de interpretar señales del cerebro son solo algunos ejemplos.
Hablar de tecnologías emergentes no significa necesariamente hablar de inventos que llegarán mañana a nuestros hogares. Muchas necesitarán años para madurar, reducir sus costes o superar determinados problemas técnicos. Sin embargo, conocerlas permite entender hacia dónde puede dirigirse la tecnología y cómo podría cambiar nuestra forma de trabajar, estudiar, comunicarnos, desplazarnos o cuidar de nuestra salud.
Inteligencia artificial cada vez más presente
La inteligencia artificial es probablemente una de las tecnologías con mayor capacidad para transformar las actividades cotidianas. Aunque ya utilizamos sistemas de IA en buscadores, recomendaciones, asistentes digitales, cámaras de teléfonos y aplicaciones, su evolución está ampliando considerablemente sus posibilidades.
Los asistentes de IA pueden ayudar a redactar textos, resumir documentos, traducir información, analizar datos, generar imágenes o resolver determinadas tareas. En el futuro, es posible que estén más integrados en los dispositivos y sean capaces de realizar acciones completas siguiendo instrucciones sencillas.
Por ejemplo, en lugar de utilizar varias aplicaciones para organizar un viaje, un asistente podría ayudarnos a comparar opciones, preparar un itinerario, organizar documentos y recordarnos las tareas pendientes.
El reto estará en encontrar un equilibrio entre automatización, privacidad y control humano. Que una tecnología pueda hacer algo automáticamente no significa que siempre debamos delegárselo.
Robots capaces de realizar más tareas
Los robots ya están presentes en fábricas, almacenes, hospitales y hogares. Los robots aspiradores son un ejemplo sencillo de cómo una máquina puede realizar de forma autónoma una tarea doméstica concreta.
La siguiente evolución podría estar relacionada con robots capaces de manipular objetos, desplazarse por diferentes entornos y realizar tareas más variadas. Esto resulta especialmente interesante para trabajos repetitivos, peligrosos o físicamente exigentes.
En el hogar, un robot más avanzado podría ayudar a transportar objetos, ordenar determinados espacios o colaborar con personas con necesidades de asistencia. Sin embargo, conseguir que un robot comprenda correctamente un entorno doméstico cambiante es mucho más complicado que programarlo para realizar una tarea repetitiva en una fábrica.
Por eso, probablemente veremos primero robots especializados y, poco a poco, sistemas más versátiles.
Realidad aumentada y nuevas formas de interactuar con la información
La realidad aumentada permite superponer información digital sobre el entorno real. Ya existen aplicaciones capaces de mostrar indicaciones de navegación, identificar objetos o probar virtualmente determinados productos.
Su evolución podría hacer que esta tecnología deje de depender tanto del teléfono móvil. Las gafas inteligentes podrían mostrar información directamente delante de nuestros ojos, por ejemplo indicaciones mientras caminamos, traducciones de textos o información contextual sobre un lugar.
En el trabajo también podrían resultar útiles. Un técnico podría recibir instrucciones sobre una máquina mientras la está reparando, mientras que un estudiante podría visualizar modelos tridimensionales para comprender mejor determinados conceptos.
La comodidad, el precio, la duración de la batería y la aceptación social serán factores importantes para determinar hasta qué punto estas tecnologías se incorporan a la vida cotidiana.
Nuevas generaciones de baterías
Gran parte de nuestra dependencia tecnológica está relacionada con las baterías. Teléfonos, ordenadores portátiles, bicicletas eléctricas, coches y sistemas de almacenamiento energético necesitan baterías cada vez más eficientes.
Por eso existe una importante investigación en nuevas tecnologías de almacenamiento. Algunas propuestas buscan conseguir mayor densidad energética, reducir los tiempos de carga, aumentar la
vida útil o utilizar materiales diferentes.
Si estas tecnologías consiguen superar sus dificultades técnicas y económicas, podrían tener consecuencias importantes. Los vehículos eléctricos podrían ofrecer mayor autonomía, los dispositivos podrían necesitar cargas menos frecuentes y el almacenamiento de energía renovable podría resultar más práctico.
No se trata únicamente de conseguir baterías que duren más en un teléfono. El almacenamiento energético también es fundamental para transformar la manera en que producimos y utilizamos la electricidad.
Computación cuántica
La computación cuántica utiliza principios de la física cuántica para procesar información de una manera diferente a los ordenadores tradicionales.
No significa que vaya a sustituir al ordenador doméstico convencional ni que todos nuestros dispositivos vayan a convertirse en ordenadores cuánticos. Su posible utilidad está especialmente relacionada con problemas científicos y matemáticos muy complejos.
En el futuro podría contribuir a determinadas investigaciones relacionadas con nuevos medicamentos, materiales, química, optimización o criptografía. Sin embargo, todavía existen
importantes desafíos para construir sistemas cuánticos suficientemente estables y útiles a gran escala.
Por ello, su impacto cotidiano podría producirse de manera indirecta: nosotros utilizaríamos servicios o productos desarrollados gracias a capacidades de cálculo que actualmente son difíciles de conseguir.
Tecnología para cuidar mejor de nuestra salud
Otra área con gran potencial es la combinación de sensores, inteligencia artificial, dispositivos portátiles y nuevas técnicas de análisis.
Los relojes inteligentes y las pulseras de actividad ya pueden registrar información relacionada con movimiento, frecuencia cardiaca o sueño. En el futuro, una mayor variedad de sensores podría permitir recopilar más datos sobre nuestro estado físico.
Esto podría favorecer una atención sanitaria más personalizada y facilitar la detección de determinados cambios que merezcan ser consultados con un profesional.
Sin embargo, la tecnología sanitaria requiere especial cuidado. Un dispositivo puede proporcionar información útil, pero no debe confundirse automáticamente con un diagnóstico médico. Además,
los datos de salud son especialmente sensibles, por lo que la privacidad y la seguridad serán fundamentales.
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