Cómo mejorar la privacidad de tu smartphone

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El smartphone se ha convertido en uno de los dispositivos que más información personal almacena sobre nosotros. Fotografías, conversaciones, contactos, correos electrónicos, ubicaciones,
documentos, datos de navegación, aplicaciones bancarias y cuentas de redes sociales pueden estar concentrados en un único dispositivo que llevamos con nosotros prácticamente todo el día.

Por eso, proteger la privacidad del móvil no consiste únicamente en evitar virus o aplicaciones maliciosas. También implica controlar qué información compartimos, con quién la compartimos y durante cuánto tiempo tienen acceso las aplicaciones a nuestros datos.

La buena noticia es que no hace falta ser un experto en informática para mejorar considerablemente la privacidad de un smartphone. Con algunos ajustes y hábitos sencillos podemos reducir la cantidad de información que dejamos expuesta.

Utiliza un bloqueo de pantalla seguro

El primer paso para proteger la privacidad de un móvil es impedir que cualquier persona pueda acceder fácilmente a él.

Utiliza un PIN, contraseña o sistema biométrico adecuado. Evita códigos demasiado obvios, como combinaciones sencillas o números relacionados directamente con información pública sobre ti.

Los métodos biométricos, como la huella dactilar o el reconocimiento facial, pueden resultar muy cómodos, aunque conviene conocer cómo funcionan en tu dispositivo y qué opciones de seguridad ofrece.

También es recomendable configurar el bloqueo automático para que se active después de un periodo razonablemente corto de inactividad.

Si pierdes el teléfono y está desbloqueado, una persona podría acceder directamente a mucha información personal.

Revisa los permisos de las aplicaciones

Las aplicaciones necesitan determinados permisos para ofrecer sus funciones, pero no todos son necesarios.

Una aplicación de mapas puede necesitar conocer tu ubicación. Una aplicación de videollamadas puede necesitar utilizar la cámara y el micrófono. Pero una aplicación sencilla quizá no tenga ningún motivo evidente para acceder a tus contactos o ubicación.

Por eso, revisa periódicamente los permisos concedidos.

En los ajustes del teléfono normalmente puedes consultar qué aplicaciones tienen acceso a:

  • Cámara.
  • Micrófono.
  • Ubicación.
  • Contactos.
  • Fotografías.
  • Calendario.
  • Archivos.
  • Bluetooth.
  • Notificaciones.

Si una aplicación tiene acceso a información que no necesita, considera la posibilidad de retirarlo.

No concedas todos los permisos automáticamente

Es habitual instalar una aplicación y aceptar todas las solicitudes de permisos sin leerlas.

El problema es que cada permiso puede proporcionar acceso a una parte diferente de nuestra información.

Antes de pulsar «Aceptar», piensa si el permiso tiene sentido.

Si instalas una aplicación para editar fotografías y solicita acceso a tus imágenes, puede ser lógico. Si además solicita acceso permanente a la ubicación y al micrófono sin una razón aparente, merece la pena investigar por qué.

No significa necesariamente que la aplicación sea maliciosa, pero sí que debemos saber qué estamos autorizando.

Controla el acceso a tu ubicación

La ubicación puede ser uno de los datos más sensibles que genera un smartphone.

Muchas aplicaciones pueden utilizarla para ofrecer funciones relacionadas con mapas, transporte, recomendaciones o servicios cercanos.

Sin embargo, no todas necesitan conocer tu posición continuamente.
Cuando sea posible, revisa si una aplicación puede acceder a tu ubicación siempre, solo mientras está en uso o nunca.

También puedes desactivar determinadas funciones de localización que no necesites.

El objetivo no es impedir completamente el uso de la ubicación, sino evitar compartirla cuando no sea necesario.

Revisa qué aplicaciones tienes instaladas

Con el paso del tiempo acumulamos aplicaciones que quizá ya no utilizamos.

Una buena práctica consiste en revisar periódicamente la lista de aplicaciones instaladas y eliminar aquellas que no necesitamos.
Esto tiene una doble ventaja.

Por un lado, reduces el número de programas que tienen acceso potencial a tus datos. Por otro, reduces la cantidad de software que necesita mantenerse actualizado.

Si llevas meses sin utilizar una aplicación, probablemente no necesites mantenerla instalada permanentemente.

Mantén actualizado el sistema operativo

Las actualizaciones también son importantes para la privacidad.

Además de corregir vulnerabilidades de seguridad, las nuevas versiones de Android o iOS pueden incorporar controles adicionales relacionados con permisos y datos personales.

Por eso, evita mantener el teléfono durante mucho tiempo con una versión antigua del sistema si existe una actualización oficial compatible.

También es recomendable mantener actualizadas las aplicaciones.

Una aplicación desactualizada puede contener problemas de seguridad que ya hayan sido solucionados en versiones posteriores.

Descarga aplicaciones de fuentes fiables

La privacidad también depende del origen de las aplicaciones.

Utiliza preferentemente las tiendas oficiales y comprueba quién desarrolla la aplicación antes de instalarla.

Ten cuidado con archivos que recibas mediante mensajes, páginas web desconocidas o enlaces que te animen a instalar aplicaciones fuera de los canales habituales.

Una aplicación puede funcionar aparentemente bien y, al mismo tiempo, recopilar información de manera excesiva.

Antes de instalarla, revisa qué permisos solicita y qué información proporciona el desarrollador sobre el tratamiento de datos.

Lee la información de privacidad cuando sea relevante

Las políticas de privacidad pueden ser largas y difíciles de leer, pero no es necesario estudiarlas de principio a fin cada vez que instalamos una aplicación.

Sin embargo, cuando una aplicación va a manejar información especialmente sensible, merece la pena prestar más atención.

Comprueba qué datos recopila, para qué los utiliza y si los comparte con terceros.

También puedes revisar las opciones de privacidad que ofrece la propia aplicación.

Algunos servicios permiten desactivar determinadas funciones de personalización o recopilación de datos.

Cuidado con el micrófono y la cámara

El micrófono y la cámara proporcionan acceso a información especialmente sensible.

Los sistemas móviles modernos incorporan indicadores que pueden avisarnos cuando una aplicación está utilizando estos componentes.

Si observas que una aplicación utiliza el micrófono o la cámara cuando no esperabas que lo hiciera, revisa sus permisos.

También puedes retirar temporalmente el acceso si no necesitas esas funciones.

No se trata de desconfiar de todas las aplicaciones, sino de mantener bajo control qué programas tienen acceso a sensores capaces de captar información del entorno.

Protege las notificaciones en la pantalla de bloqueo

Las notificaciones son muy cómodas, pero también pueden revelar información privada.

Imagina que recibes un mensaje de una aplicación bancaria, un correo electrónico o una conversación personal mientras el teléfono está bloqueado.

Dependiendo de la configuración, el contenido puede aparecer directamente en la pantalla.

Si otras personas pueden ver habitualmente tu teléfono, considera la posibilidad de ocultar el contenido sensible de las notificaciones cuando el dispositivo esté bloqueado.

Así seguirás sabiendo que has recibido un mensaje sin mostrar necesariamente su contenido.

Utiliza autenticación en dos pasos

La privacidad y la seguridad de las cuentas están estrechamente relacionadas.

Aunque tengas una contraseña segura, una cuenta puede quedar comprometida si alguien consigue esa contraseña.

La autenticación en dos pasos añade una capa adicional de protección.

Cuando está activada, además de la contraseña se necesita otro método para confirmar el acceso. Puede ser una aplicación de autenticación, una llave de seguridad u otro mecanismo compatible.

Es especialmente recomendable utilizarla en cuentas importantes como el correo electrónico, servicios de almacenamiento y otros perfiles que contengan información personal.

No reutilices las contraseñas

Utilizar la misma contraseña en muchas cuentas puede ser peligroso.

Si una contraseña se filtra en un servicio, alguien podría intentar utilizarla para acceder a otras cuentas.

Lo ideal es utilizar contraseñas diferentes y suficientemente robustas.

Un gestor de contraseñas puede facilitar esta tarea porque permite almacenar credenciales de forma segura y generar contraseñas diferentes para cada servicio.

Así no necesitas memorizar decenas de combinaciones.

Ten cuidado con las redes Wi-Fi públicas

Las redes Wi-Fi públicas pueden resultar muy prácticas en aeropuertos, hoteles, cafeterías o espacios públicos.

Sin embargo, conviene ser prudente.

Comprueba que la red a la que te conectas sea realmente la proporcionada por el establecimiento y evita realizar operaciones especialmente sensibles si tienes dudas sobre la conexión.

Los servicios modernos suelen utilizar cifrado para proteger las comunicaciones, pero eso no significa que cualquier red Wi-Fi sea automáticamente segura.

Si necesitas realizar una operación importante y no confías en la red, puede ser preferible utilizar los datos móviles.

Protege las fotografías y documentos

El móvil puede contener información que no queremos compartir.

Fotografías personales, documentos de identidad, contratos, entradas, capturas de pantalla y otros archivos pueden revelar muchos datos sobre nosotros.

Revisa qué aplicaciones tienen acceso a tus fotografías y archivos.

Cuando una aplicación solo necesita acceder a determinadas imágenes, utiliza las opciones de selección limitada que ofrezca el sistema si están disponibles.

También evita guardar permanentemente documentos especialmente sensibles si no los necesitas en el teléfono.

Controla las aplicaciones de redes sociales

Las redes sociales pueden recopilar numerosos datos sobre nuestra actividad y preferencias.

Revisa periódicamente las opciones de privacidad de tus cuentas.

Comprueba quién puede ver tus publicaciones, qué información aparece públicamente y qué permisos tiene cada aplicación.

También conviene pensar antes de publicar información relacionada con nuestra ubicación, domicilio, rutinas o viajes.

La privacidad no depende únicamente de los ajustes técnicos. Lo que nosotros mismos publicamos también forma parte de nuestra huella digital.

Desactiva funciones que no utilizas

Bluetooth, ubicación, conexiones automáticas y otras funciones pueden resultar muy útiles, pero no siempre necesitamos mantenerlas activas.

No es necesario convertir esto en una obsesión y desactivar constantemente todas las conexiones.

Simplemente revisa de vez en cuando qué funciones utilizas realmente y cuáles permanecen activadas sin necesidad.

Además de mejorar potencialmente la privacidad, esto puede ayudar a reducir determinadas conexiones no deseadas y, en algunos casos, el consumo energético.

Cuidado con las aplicaciones que prometen privacidad total

Existen aplicaciones que prometen proteger absolutamente toda nuestra información.

Conviene ser prudente ante este tipo de afirmaciones.

Ninguna aplicación puede garantizar por sí sola una privacidad perfecta.

La protección depende del sistema operativo, las aplicaciones instaladas, los permisos concedidos, las cuentas utilizadas, las redes a las que nos conectamos y nuestros propios hábitos.

Antes de instalar una aplicación de privacidad, investiga quién la desarrolla, qué información necesita y qué reputación tiene.

Borra correctamente un móvil antes de venderlo

Si vas a vender, regalar o entregar tu smartphone a otra persona, no basta con eliminar manualmente fotografías y aplicaciones.

Realiza primero una copia de seguridad de los datos importantes y después utiliza la función oficial de restablecimiento de fábrica.

También es importante desvincular las cuentas siguiendo las instrucciones del fabricante.

El objetivo es que el nuevo usuario no pueda acceder a nuestros datos, fotografías, conversaciones o cuentas.

Este paso es especialmente importante si el teléfono contiene información personal acumulada durante años.

Revisa periódicamente tu privacidad

La privacidad no es algo que se configura una sola vez.

Instalamos nuevas aplicaciones, cambiamos de dispositivo, creamos cuentas y aceptamos nuevos servicios constantemente.

Por eso, resulta útil dedicar unos minutos cada cierto tiempo a revisar:

  • Aplicaciones instaladas.
  • Permisos.
  • Acceso a la ubicación.
  • Cámara y micrófono.
  • Notificaciones.
  • Cuentas conectadas.
  • Aplicaciones con acceso a fotografías.
  • Opciones de privacidad de redes sociales.
  • Métodos de autenticación.

Una pequeña revisión periódica puede evitar que una aplicación mantenga durante años un permiso que ya no necesita.

La privacidad absoluta no existe

Es importante mantener expectativas realistas.

Utilizar un smartphone implica compartir cierta información con el sistema operativo, las aplicaciones y los servicios que utilizamos.

El objetivo no debería ser intentar eliminar cualquier intercambio de datos, algo que en muchos casos no sería práctico.

La cuestión consiste en tener control sobre lo que compartimos y entender las consecuencias.

Cuanta más información personal manejemos desde el móvil, más importante será prestar atención a estos ajustes.

Una rutina sencilla para mejorar la privacidad

Si quieres empezar sin complicarte demasiado, puedes seguir estos pasos:

  1. Configura un bloqueo de pantalla seguro.
  2. Actualiza el sistema operativo.
  3. Elimina aplicaciones que ya no utilices.
  4. Revisa los permisos de las aplicaciones.
  5. Limita el acceso a la ubicación.
  6. Comprueba qué aplicaciones utilizan cámara y micrófono.
  7. Oculta información sensible de las notificaciones.
  8. Activa la autenticación en dos pasos en las cuentas importantes.
  9. Utiliza contraseñas diferentes para cada servicio.
    10.Revisa periódicamente las opciones de privacidad.

No necesitas aplicar todos los cambios de golpe. Puedes empezar por los más importantes y continuar poco a poco.

Conclusión

El smartphone es una herramienta extraordinariamente útil, pero también concentra una cantidad considerable de información personal. Por eso, mejorar su privacidad debería formar parte de nuestros hábitos digitales.

Revisar los permisos, controlar la ubicación, mantener el sistema actualizado, eliminar aplicaciones innecesarias y proteger nuestras cuentas son medidas relativamente sencillas que pueden ayudarnos
a tener mayor control sobre nuestros datos.

También debemos recordar que la privacidad no depende únicamente de una aplicación o de un ajuste concreto. Es el resultado de muchas pequeñas decisiones: qué instalamos, qué permisos concedemos, qué publicamos, qué cuentas utilizamos y qué información compartimos.
No se trata de dejar de utilizar la tecnología, sino de utilizarla de forma más consciente.

Cuanto mejor conozcamos las opciones de privacidad de nuestro smartphone, más capacidad tendremos para decidir qué queremos compartir, cuándo queremos hacerlo y con quién.

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